Gracias
¿Saben donde habitan las mujeres bellas?
Párense un momento, entre timbrazos de teléfono, papeles, charletas banales y cafés de cigarrillo y presten atención a su alrededor. Ellas están ahí, cerquita, muy cerquita: en los hospitales, en los aeropuertos, en las estaciones de tren, en mil sitios y espacios, deslizándose como bailarinas silenciosas tras un hermoso carro que alberga mil cachivaches y cien soluciones.
Son de complexión normal, humana, sin muchos ni pocos. Sin pretensiones ni lujos, sin deslumbrantes melenas, sin espectaculares maquillajes y conversaciones huecas y pomposas. Son esas mujeres que se acuerdan de que ''ayer el niño de Paco se examinaba de coche a ver si ha aprobao que eso no es barato''. De que a la Sra. María del estanco a su marido le tienen que mirar lo del bultito ''que ya verás que no será nada mujer, que tu Antonio aun te dará guerra muchos años'', que se acuerda de parar un momento frente a ti, sacarle brillo a tu mesa, y contarte que la vida es bella, que no vale la pena llorar por esa tontería, ''vamos niña sonríe que hoy me has venio muy guapa y esa llantina te afea''
Esas amazonas, apológia de sencillez y calidad humana, son las que recogen nuestras impertinentes basurillas con una sonrisa.
Reponen el papel en los baños y los adecentan tras nuestras desconsideradas orgias de orines con mala puntería.
Friegan nuestros desechos y barren nuestras vergüenzas.
Sin ellas la mierda nos llegaría a las orejas.
Mírenlas a los ojos. Son ojos sabios, son ojos tiernos. Son ojos que conocen de primera mano el dolor del enfermo que visitan a diario cuando no está el médico y este les cuenta entre sollozos que allá en Almería dejó hace mucho a su familia '' y mire usté me caí del andamio y ahora estoy mas solo que la una en esta habitación tamaño armario sin nadie que me visite mas que usté, ayer dormí mejor, gracias por preguntar''. Son almas que comprenden el adiós de la viajera que se marcha y deja a su amado desolado amarrado a un banco del andén. Son mujeres de consejos y refranes. Son mujeres de tupper de macarrones para el niño ''que trabaja ahí en ese despacho y el chico va cansao y siempre me come de bocadillo''. De la merienda de sus nietas que son tan guapas como la abuela. De abrazar a su marido que pronto se jubila y decirle ''estás tan guapo como cuando tenias treinta''.
Esas son las mujeres bellas. Son Señoras. Son grandes Damas.
La próxima vez que vean una, y será pronto se lo aseguro, denle las gracias por limpiar nuestra mierda de este mundo con una sonrisa, a pesar de nuestra altanería, a pesar de su cansacio. A pesar de los pesares.
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