Muero cada mañana
cuando la droga catatónica del sueño
desaparece inoportuna
y el violento despertar me empuja
al empirismo de lo cierto
mientras me sacude los últimos restos
de olvido que el dormir me otorga.
Tengo los ojos abiertos
y como pez sin memoria
evoco de nuevo,
en estas mañanas presentes,
que el ayer ya no es un ahora
ni podrá ser mañana
cuando de nuevo despierte
y muera otra vez como muero
cada madrugada.
