Y odiando los espejos me peino de reojo
mis lacios cabellos de opacos reflejos,
pintando por contacto los labios
con suave carmín de reciente pasado.
Y eludo las esquinas sin sombras,
huyo de los soles de agosto,
de las luces de verbena, de los faros de Alejandría,
enemigos todos ellos dan brillo a mi vergüenza.
muro de cristal de bohemia deslucido.
Mi voluntad viste sandalias y casaca de franelas
no tacones de aguja y chupa de cuero con tachuelas.
para no levantar la barbilla y lucir mí estampa maldita
saberme de nuevo en vía muerta
por dos veces flanqueada por dos veces abatida.
condenados, derrotados
comparten la misma celda
alma y cuerpo gritando: ¡silencio!... no pasa nada...
