Photo by Sally Mann
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Sal y Patatas
Corro.
Sonrío y corro.
Me han pegado un tiro de sal en el culo, en mitad de un sembrado privado.
Y ahora corro.
Sonrío y corro.
La sal escuece.
Es un escozor de victoria rabiosa.
Otro ¡bang! rompe el silencio, algo silba veloz junto a mi oreja.
Y yo sigo corriendo y sigo sonriendo.
Esta vez ha fallado.
El culo me escuece.
Corro, sonrío y suspiro por un charquito al final de mi carrera.
Sentar mi maltrecha posadera en una palangana de agua fresca.
Pero debo seguir corriendo.
Sonrío.
El saco está lleno.
Esta noche ceno patatas.
Y si viene el casero a reclamarme lo que le debo
le diré sin perder la sonrisa:
Tengo patatas y sal en culo,
ello me inspira para advertirte seriamente
no vuelvas a llamar a mi puerta.
Si vuelves a importunarme
untaré mi mano con grasa de cerdo
y te abofetearé con la palma y el revés
hasta que se te caigan las mejillas o me duela la mano.
Lo que suceda primero.
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