Cuando el suelo se tambalea bajo mis pies
en ondulados vaivenes de gravedad cero,
unos ojos de pureza certera me rescatan
y me cuentan que su verdad es transparente
que no hay recodos con sorpresa
que en mi simpleza yo soy su mundo
que mis manos son su cuna,
mis caricias su alimento,
que mi rostro es el faro
en el que fija su rumbo
.
