Hoy me habla de monstruos y luchas, hoy no canturrea alegres coplas entre relato y relato.
-Una vez, tuve que luchar con un dragón, era un monstruo negro y voraz, era cruel y letal. Perdí la batalla, devoró todo lo que poseía y me robo a mi pequeña niña.
La cordura de improviso la arrastra a un pasado de desgarradora realidad, la locura abondona su mirada, sus ojos tristes y hundidos huyen y se esconden tras el velo de la que fue su vida.
Rebusca en su carro del Pryca con cautela, su desordenado orden no debe desequilibrarse o el mundo se hundiría y ella nada podría hacer para evitarlo. Sus ennegrecidas y agrietadas uñas aprisionan con delicadeza un pequeño y gastado marco de fotos, una diminuta cara sonriente nos observa desde el blanco y negro:
-¿Sabes?, yo un día tuve una hija, y por las noches la abrazaba entre edredones de plumas y le contaba mis aventuras, como a ti te las cuento ahora entre cubos y cartones. Y mi pequeña niña me miraba con asombro, y me besaba con ternura las mejillas, y llenó las paredes con fantásticos dibujos sobre mis relatos.
Mi pequeña niña me dejó... mi pequeña niña me miró por última vez con asombro entre tubos, agujas y paredes blancas.
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