Photo by Sally Mann

sábado, 24 de marzo de 2012

El convoy de los inocentes - 2a parte

Desperté con un sobresalto a medianoche, algo extraño ocurría: todo estaba en silencio. No se oían aviones, ni gritos, ni silbidos de negro presagio, ni disparos. Tanteé con la mano temblorosa la cama en busca del cálido cuerpo de madre, no encontré nada solo una suave, lisa y fría sábana. Me incorporé en la oscuridad y la llamé, la llamé hasta el llanto. Una puerta dio acceso a un haz de luz que recortaba una oronda figura. En tres pasos, unos susurros extranjeros se convirtieron en unas manos que mesaban mis cabellos y acariciaban mis mejillas:
-Calme petite Sacaguias, maman Emma est ici. N'aie pas peur, déjà tu n'as pas craindre. Nul ne te fera dommage jamais plus.*
Me abracé a ese enorme cuerpo con fuerza, no entendía ni una palabra de lo que me decía, pero su voz era bálsamo para mi miedo. Esa voz tierna como el pan que comí esa mañana, dulce como la leche tibia que bebí esa tarde, reconfortante como el puchero que cené esa noche. Esa voz, aplacó mi llanto y calmó mi ánimo.
Poco a poco, mientras maman Emma me arrullaba al compás de una tonada susurrada a mi oído, fui recordando lo sucedido: el viaje en tren, la llegada a una estación vacía, la caminata hasta un castillo donde se había instalado el CNHEEB **; la enumeración de nuestros nombres, que desprendiéndose de una larga lista como gotas, eran recogidas una a una, entre abrazos y saludos sonrientes por personas desconocidas que nos cogían de la mano, que repetían varias veces nuestro nombre hasta pronunciarlo medianamente bien, que nos llevaron a sus hogares, que nos acogieron como a hijos.
Mis padres adoptivos se llamaban Nathaniel y Emma Lambrechts. Maman Emma era una mujer cariñosa, paciente, alegre y generosa. Pape Nathaniel era un hombre sabio, tranquilo, callado y afectuoso. Aprendí mucho de pape Nathaniel, era un gran lector y con el tiempo, siendo yo un adolescente, nos sentábamos las tardes de invierno junto al fuego donde me leía las grandes obras de la historia. Pero esto sucedió mucho después, cuando las guerras dieron una tregua a la paz, en el viejo continente.
Europa entró en guerra, España había sido vencida por el fascismo y regía una férrea dictadura en todo el país. Alemania finalmente atacó Polonia, los judíos y los gitanos, fueron las etnias mas castigadas, se les perseguía y se les mandaba a campos de concentración donde morían de inanición, bajo nubes de gas tóxico o simplemente de un tiro en la nuca.
Yo no era ajeno a todos esos sucesos, asistía a la escuela todas las mañanas de lunes a sábado, se habían creado escuelas especiales solo para los niños españoles, y allí nuestros maestros, profesores españoles exiliados junto a nosotros, nos relataban los acontecimientos que se sucedían en nuestra añorada tierra y el resto de países.
Una tarde mientras coronaba la suave pendiente que daba acceso al caminito de piedras que serpenteaba por el jardín delantero de mi nuevo hogar, divisé dos figuras sentadas en el banco de madera que había junto a la puerta de entrada. El corazón me dio un vuelco y empecé a correr hacia ellas, estaba seguro de que esa mujer escuálida de pelo greñoso que acunaba a un diminuto niño era madre que me había venido a buscar.
Cuando acalorado y jadeando llegué junto a ellos maman Emma apareció por el umbral de la puerta junto con Pape Nathaniel, yo estaba estupefacto, aturdido y tremendamente decepcionado.
No era madre, era una desconocida que se le parecía terriblemente, no tenia sus ojos, ni sus labios, ni su pelo, pero su mirada era la misma: la mirada de la desesperación. Su piel tenia el mismo color: el color del hambre. Sus gestos eran idénticos a los de madre: nerviosismo furtivo.
Pape Nathaniel se agachó frente a mi hasta que su mirada quedo a la altura de la mia, me guiño un ojo y me preguntó:
-Bienvenue a la maison fils, prête attention à la question qui te je vais a faire, il est très important.Vous volulez avoir un petit frère? ***








Tranquilo pequeño Zacarias, mama Emma está aquí. No tengas miedo, ya no tienes que temer. Nadie te hará daño nunca más
** CNHEEB : Comité National pour L'Hérbergement des Enfants Espagnols en Belgique.
*** Bienvenido a casa hijo, presta atención a la pregunta que voy ha hacerte, es muy importante. Quieres tener un hermanito pequeño?