Photo by Sally Mann

domingo, 6 de noviembre de 2011

Único, diferente, uno más entre cientos

Café solo largo, café con leche natural, café con leche desnatada sin espuma, café de doble carga, café con leche muy caliente en vaso a parte, cortado con un cubito,cortado con leche descremada, café con leche corto descafeinado con sacarina y en vaso. Dos cafés con leche y me los echas en mi taza mug americana. Café con leche muy corto de café en vaso de tubo leche muy caliente con espuma sin azúcar pero dame una cucharilla larga.....¿Por qué?  Pues porqué la inmensa mayoría formamos parte del bulto. No somos el champiñón de la pizza de los viernes, no somos la aceituna del montadito de tortilla y desde luego distamos mucho de ser la guinda de la tarta. Pero tenemos el imperioso anhelo de sentirnos únicos, singulares, especiales. El lapso de tiempo que nos lleva pedir un café, esos justos e insuficientes segundos nos proveen de nuestra dosis de singularidad. Pero como buenos yonkis, la dosis de la mañana es insuficiente, no nos proporciona el viaje placentero experimentado en nuestro primer lance al anonimato. Nuestro ego demanda cuotas más altas. Y así, para alimentar al glotón monstruito ideamos absurdas combinaciones que nos proporcionaran unos segundos más de atención del desganado camarero y el coro de impacientes rivales que esperan ansiosos su turno. Cual trovadores entonamos nuestra demanda, el coro permanece quieto, tenso, aguardan el momento, aguardan SU momento. La oportunidad de levantar la barbilla y lanzando miradas esquivas, ora izquierda ora derecha, hinchar los pulmones e intentar superar con una comanda, aún más kafkiana, a su antecesor. Hay veces, que si prestamos especial atención a ese brevísimo instante entre que concluye su petición e inspira de nuevo, podremos observar en su mirada un destello de esperanza, hoy una vez más cree feecientemente que puede ser el día en el que culminará su Everest personal y recibirá un aplauso general de los presentes. No hay aplausos, no hay elogios. La frustración y el desengaño le acompañaran amablemente hasta su mesa y mientras engulle un brebaje que, al fin y al cabo no le gusta, recordará cuando aun era virgen en el deseo de descollar. Recordará el tiempo en el que el pudor aventajava a la vanidad, recordará cuando todo era mas sencillo y un café tan solo era un café.