Mi nombre es Conrado S. Willard y esta es mi historia.
Sabe Dios que me ha tocado hacer cosas terribles en la vida. Me he escondido de un patrón enfurecido dentro de un pozo negro rebosante de mierda. Encontrándome hambriento comí pan en el que antes se había meado un carcelero. De una pedrada derribé a un marido cornudo al que rematé con su propia hacha.
Una vez abandoné a una muchacha que me amaba.
Soy un hombre amoral, sin fe, indigno, vil. Soy un canalla. He vivido porqué mi cuerpo estaba vivo y necesitaba comer, mear, cagar, dormir y fornicar. No he dado ni he recibido respeto. No he tenido ambiciones ni anhelos. No he tenido esperanzas. He causado dolor, decepción, desengaño y más dolor. Mi corazón tan solo a engendrado metíficas perversiones.
Una vez abandoné a una muchacha que me amaba.
Hoy, cuando me visto de arrugas y peino un oasis de cuero, pretendo redimir mis pecados. Quiero pedir perdón a un cura travestí, a un soldado poeta, a una matrona ninfómana, a un efebo granujiento y a un hidalgo mendigo.Me aproveché de sus prohibidas debilidades. Convertí sus ilícitas inclinaciones en mi moneda de cambio.
Ahora acuno mi tullido pasado entre sollozos, arrepentimientos y gemidos. Está rasgado, no lo puedo remendar. Mi pasado está plagado de cicatrices, amputaciones y principios de gangrena. Mi pasado hiede a podredumbre. Tan solo me queda pedir la absolución, y suplicar clemencia para mi alma, a los ultrajados.
Una vez abandoné a una muchacha que me amaba.
Hálleme huérfano de compañía en esta oscura y húmeda celda de piedras que lloran lágrimas de vergüenza por los condenados cobijados. Papel y pluma me han sido dispensados bajo pago de servicio carnal.Y en el tiempo que me resta hasta iniciar mi peregrinaje hacia el patíbulo, debo concebir mi última voluntad a modo de cartas que me otorguen la gracia del perdón. Cuatro cartas, cuatro historias. Cuatro vidas escarnecidas por mi desprecio hacia el prójimo en beneficio del lucro propio.
Una vez abandoné a una muchacha que me amaba.
