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domingo, 25 de noviembre de 2018

miércoles, 23 de enero de 2013

Carta a mi pequeña niña




Si tuviera que dejarte un legado te dejaría mi experiencia. Te dejaría el legado de una existencia sencilla pero llena de vida. De ella podrías recoger algunas enseñanzas abstractas y algo de la sabiduría que sólo el tiempo y las caídas otorgan. 
No te ilusiones con la esperanza de encontrar en mi experiencia soluciones milagrosas a los dilemas y enigmas que la vida te va a servir en el menú que te ofrezca. Debes saber que los mismos hechos tienen siempre diferente materia: otros personajes, otras circunstancias, diferentes entornos. Por tanto aplicar remedios antiguos esperando una reacción concreta puede acabar ocasionando un efecto opuesto o ser totalmente inmune.
Mi experiencia te puede contar que una vez tuve que sumar dos más dos y el resultado fue tres, otras personas realizando exactamente la misma suma obtuvieron dos, uno e incluso cero.
Mi experiencia, que es el único legado que desearía dejarte, te contará que pocos elementos poseen la constante de la invariabilidad, pocos son los que a lo largo de cualquier vida ofrecen la misma respuesta ante cualquier entorno.
Deja mi pequeña niña que te hable de alguna de las invariables: consejos y decisiones.
Los consejos pueden ser tu peor aliado. Se extremadamente tacaña al darlos y tómalos con suma precaución. Los consejos dados desde la inexperiencia pueden acabar convirtiéndose en un amargo plato que deberás comerte con humildad en el futuro. Los consejos tomados pueden no resultar efectivos e incluso ser contraproducentes aunque lleguen cargados de bondad desde una mano amiga.
Tomarás decisiones. Unas buenas, otras malas, otras irracionales. Las buenas serán esas pequeñas victorias que deberías atesorar sin adornarlas de gloria y petulancia. Las malas te envolverán en un alambre de espino del que muchas veces te parecerá imposible librarte. Las irracionales son bombas inestables que pueden estallar causando destrozos irreparables, daños colaterales o en el mejor de los casos acabar siendo una mera anécdota tildada de locura transitoria. Todas las decisiones se cimentan bajo encrucijadas de relevancia y como consecuencia de las própias inquietudes, anhelos y el entorno.
Presta especial atención a las que tengan como base el dolor, la frustración y el desespero. Es en estos casos, donde la falsa creencia de que tomar decisiones radicales aliviará esos síntomas, es donde puedes cometer los mayores errores. Ese radicalismo puede acabar sepultándonos a una cueva donde tendremos como carcelero al dolor, la frustración y el desespero del que huíamos.
Mi pequeña niña,  llegados a este punto voy a atreverme a darte un consejo: cuando la tierra tiemble bajos tus pies, cuando creas que tu mundo se desmorona, quédate quieta bajo el quicio de tu puerta, no huyas creyendo que en otros lugares la tierra no se abre. No destruyas las pocas paredes que aun se tengan en pie, ellas un día fueron tu cobijo.
Mi pequeña niña haz de tus ruinas sabia argamasa que sea firme sustento para tus sueños.
Mi pequeña niña debes andar el mundo jamás huir de él.