lunes, 11 de febrero de 2013
Cualquier día
“No se llegará a comprender la naturaleza humana
hasta que se sepa por qué
un niño montado en un tiovivo saluda a sus padres en cada vuelta,
y por qué sus padres le devuelven siempre el saludo”
-William D. Tammeus-
Cualquier día me levanto de la silla
y me siento en la esquina de los invisibles
a la sombra del desconsuelo de lo inactivo
al lado del mellado con mirada de vidrio
frente a la de piel raída con sonrisa perdida
tras el tuerto que cojea tras veloces ayudas
Cualquier día me siento de nuevo en la silla
y escribo:
la madre de todos los poemas
el padre de todas las prosas
el hijo de todos los refranes
el primo sinvergüenza de todos los consejos
la abuela de todas las anécdotas inauditas.
Cualquier día descubro el capítulo de Dios donde se cuenta:
como ya no importa la muerte cuando solo queda opaca piel y ralo pelo,
esa taxidermia cruel para el lector de musculaturas temples y miradas
ese genocidio sin sentido del sentido de ser vida,
esa muerte lenta,
ese paro cardíaco infinito
ese coma vivido en la fría silla
del que ya no tiene miedo
porqué
ya
se lo han
quitado
todo.