domingo, 28 de abril de 2013
Bel.la principesa
Tu pelo cubre tus ojos
escondiendo el fruncimiento.
Tus parpados cierran
-como puertas al viento-
la única posibilidad del balcón a tu alma.
La irremediable caída de tus pestañas
acalla tu boca silenciado, en un rictus estático,
los gritos que anidan en tu garganta.
Tu entraña grita ante la soldadura de tu rostro:
¡Se cansa uno viviendo. La felicidad es un ventana pintada de un solo lado.
Hay tantos consejos en la soledad como agujeros en el manto de Diógenes.
El género humano es un error irreparable.
La multitud es una colección de fealdades de hermosos rostros.
Ese que ama primero y descubre que inventa el olvido.
Esa que surge de la nada y habla como cisne en boca de hiena.
Cualquiera puede ser un miserable, pocos pueden ser lo esplendido!
Me canso, me angustio, rabio, me aburro, me embrutezco...
Me como hasta los codos, no hay alimento para el desespero.
Situación grave,
tengo cuanto necesito para ser nada,
un paso más y podría ser sublime.
Y yo te digo bel.la niña:
Que nadie niegue la altura de tu Everest,
que no sea tu vergüenza ser el torero que llora la muerte de un astado,
el gladiador que contiene la nausea ante la víscera y la sangre,
el púgil sin puños que arremete con los pies desnudos.
No eres el remedio a la fiebre, eres la cura a la muerte en vida.
No escondas tu temblor de amar sencillo en un mundo de dientes caníbal.
Inaudita mujer que nadie desprecie tus sopas de ajo.
Exclusiva hembra de naturaleza agreste,
tú que le das sentido a la inexplicable razón de vivir,
permíteme mi bel.la niña, ser tu fiel escudero,
ser quien porta las vainas de tus lágrimas,
los paños de tus heridas,
ser los brazos que amortiguan tu caida.