Restaurar una vida agrietada por el injusto olvido,
al otro lado de tu
orilla y desbrozar los juncos,
de altura
imposible,
que impiden la
mirada indulgente a tu horizonte
que observo desde
hace veintinueve cicatrices y un día
como una curvatura
calidoscópica de cañas y barro.
Olvidar, en el
placer de sentir las manos hundidas en tierra añeja,
la estupidez que
me impide comprender tu universo paralelo,
donde habitan
dragones con togas de filósofo trasnochado
y princesas
post-modernas de floreadas palabrejas.
Afirmar sin
reservas en la libertad de mi antigua patria
que mi lógica
verticalidad no es causa o motivo que provoque carencia
en la intendencia
de tu inventario donde se cuentan
cincuenta y nueve
cuentas de un rosario quijotesco
volátil y etéreo de
público adornado con exquisitas vestiduras.
Aceptar,
en la calidez que otorga vestir de nuevo el viejo traje del recuerdo,
en la calidez que otorga vestir de nuevo el viejo traje del recuerdo,
que no
es asunto de debates o razones,
que es materia
sencilla, es manual de botijo, es mecanismo de chupete,
entender que en este mundo titiritero tan noble es el mago como el herrero,
y tan válidos son los anhelos del pragmático como los sueños del poeta .