Photo by Sally Mann

domingo, 10 de junio de 2012

Cocktail (el título nada tiene que ver con lo escrito a continuación, pero me apetecía. Adoro como lo pronuncia, ese homúnculo arveno de bigote despeinado)



Escribo si orden ni concierto -¿concierto? ¿Porque se considera ordenado un concierto? Yo he asistido a conciertos donde ni la numeración de las butacas seguía un orden...voy a sustituirlo por militarismo-
Escribo sin orden ni militarismo, escribo compulsivamente, de corrillo, escribo, borro, escribo. Sustituyo, escribo, escribo, escribo... releo, copio y pasteo mis propias frases en distintos párrafos. Salto de mi improbable poesía a la nefasta prosa. Transformo el texto inicial inundado de sentimiento por un amor perdido en una parodia donde el ridículo patetismo del sufrido amante abandonado provoca las risotadas de los presentes. Decido cambiarlo otra vez, ahora la bullabesa temática provoca que nada tenga sentido.

Me voy a por tabaco al bar de los chinos, donde los restos de lo que antaño fueron hombres pierde la compostura recostada en una barra pegajosa. Le gritan a la tele, se cagan en el gobierno y mienten a la parienta por el móvil diciendo que están pateando la calle buscando curro

Fumo, releo, apago el cigarro, me levanto y me preparo un café con leche. Escribo, escribo, escribo, borro, releo, escribo. A estas alturas el prota ya ha cambiado de sexo siete veces, a enviudado dos, se ha cargado con una AK-47 a 1315 pajarillos del parque público, ha rescatado a Dios de su melancolía, a adorado a un amor perdido y se ha sentado a contemplar la puesta de sol con aire taciturno...sigo sin definir la historia, mezclando, batiendo, rallando, amasando, desechando, recuperando...

No quiero fumar mucho, abro un Kojak con chicle de duración limitada y lo chupo con avidez.
Me vuelven loca los  kojak.
El chicle de su interior es basura.
Abro el correo y busco la dirección de la compañía que fabrica los kojak.
Es la compañía Fiesta tel.+34.91.888.15.50 y el e-mail: info@fiesta.es. Les voy a sugerir que los hagan todos de caramelo, sin chicle.
Ese chicle es mierda pura.

Llego al final de la historia, o del poema. No tener registro ni estilo provoca tanto el desconcierto propio como el general. No respeto las pautas de los grandes, no me fijo en los sabios, no aprendo de nadie, leo infinidad de libros muy dispares entre sí, los leo como el infante que mira los teleñecos, con pasmado entusiasmo, pero no practico la arqueología analítica del estilo, no aplico la emulación, son tan solo una ventana al divertimento, no despiertan en mi el afán de cultivar un estilo.
Soy el bloggero bipolar....no soy de fiar.
Ni soy garantía de éxito, ni aburrimiento previsible.
No soy constante, tanto puedo publicar 3 post en dos días como desaparecer 2 semanas.
No sé cómo acabará la historia porque no tengo ni la más remota idea de cómo va a empezar.
No tengo hijos pródigos, tanto amo a la poesía como a la prosa.
No tengo musas como el amor, la pérdida, el sexo, la amistad...tengo momentos, tengo ideas, tengo pensamientos. Sufro de extravagancias radicales y de pragmatismos incomprendidos.

Llego al final de la historia -perdón me he ido por la tangente... tangente, tangente, tangente, tangente joder...tangente, tangente, tangente, tangente...si la repito muy rápido suena a: tanta gente- pinto el punto final, ahora voy a leer de corrillo lo escrito.

Intento encender un cigarro para hacer más placentero el momento de contemplar mi ridícula obra terminada. Quemo el palo del kojak, había olvidado que aun se sostenía entre mis labios, lo suelto sin querer en el cenicero y me cabreo por que se pringa de ceniza. Lo tengo que tirar y no tengo más. Enciendo el cigarro, el cabreo por la pérdida del chupa chup martillea mi cerebro y no sé que estoy leyendo, lo guardo sin leerlo y apago el ordenador. Seguro que en la tele dan algo bueno. La tele es buena.

Un par de horas más tarde, enciendo el ordenador y en la relativa calma que proporciona una ciudad superpoblada de gilipollas vanguardistas e inmigrantes dicharacheros, leo mi última creación. No he llegado al segundo párrafo cuando pulso 'Publicar'. Ser impulsivo implica correr riesgos, y a mí me gustan los riesgos. A veces para hacer más interesante mi vida me como un yogurt caducado, la incertidumbre que genera el riesgo de poder sufrir o no una severa diarrea me provoca un subidón de adrenalina incomparable.
-Definitivamente necesito encontrar curro, ganar pasta, y empezar a salir más de casa-

Han pasado tres horas y no ha entrado ni el polvo en mi blog tras la publicación.
Alguien que está más puesto que yo en esto de la planificación de escribir/publicar, me recomienda que no publique ni los viernes, ni los fines de semana...los lectores son más propenso a la lectura de blogs entre semana.
Asiento con la cabeza en silencio, me avergüenza reconocer que no tengo ni puñetera idea del día en el que vivo.
Ahora soy consciente que tras una larga ausencia se me ha ocurrido publicar en viernes, sábado y domingo.

Estoy jodida, la marmota vive desde hace demasiado tiempo bajo mi cama.




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