luciendo el terno de la senectud
arremetes con las razones del culpable
contra los inocentes que pagaron tus faltas
en el patíbulo de los ahorcados.
Farfullas palabras con aristas
y acarreas un saco de leoninas venganzas
púas de punta roma que lanzas en cuclillas
a los almohadones de tus heridas,
a los consuelos de tus abandonos,
a los hijos que lloraban la muerte de un hombre
un hombre bueno
un hombre justo.Damnificados, que en tu necedad y despropósito
hipotecaron perdones y compraron razones,
cuatro almas que seis veces te vieron marchar
tras deslumbrantes vendedores ambulantes
de licores destilados del grano de la vulgaridad.
Con soberbia ondeabas halagos al falso hidalgo de turno
abandonando el carro y llevándote el último cupón,
cuando en la alacena solo quedaba carbón.
Obligados espectadores de tu repertorio execrable
de manipulaciones, engaños y mentiras
cizañas, insultos y menosprecios
egoísmos, celos y envidias
sermón dogmático del desprecio.
El tiempo, justo cuestor
te reclama y exige pago
hace balance y extiende recibo,
ni los perdones recibidos
en la cabecera de los desahuciados
han aplacado la sentencia,
tu soledad es tu condena.
Tras la falsa estampa del mártir denostado
predicas con iniquidad maquillada
y teatralidad de ensayo concienzudo
tu injusta desgracia.
Pero en la soledad de tu purgatorio
sabes que existen cuatro almas
cuatro almas que arrostran la verdad
cuatro almas que confinan sentimientos
cuatro almas que cuentan cicatrices
cuatro almas que viven sin ti, a tu pesar.