Hubo una vez un lugar, un momento, unas circunstancias. Hubo un hombre de pasado turbio, una mujer de futuro difuso.
Una plaza, una mañana de abril, un café aguado, una brisa punzante, una paloma coja sin palomo, una lágrima en un pañuelo, un:
-Sonríe princesa, en abril las lágrimas saben a invierno y mis huesos no aguantarían ni un día mas de frío-.
-Dame un confesor que me escuche sin tener que pagar penitencia. Dame una puerta que cerrar con furia. Dame un jarrón sin flores, dame un muro donde estrellarlo. Dame un púlpito donde el insulto no esté penado. Dame el certificado del borrón y cuenta nueva. Dámelo todo y te regalo mi sonrisa Te pinto de perlas blancas mi rostro y anclo mis comisuras a mi exhausta nuca-
Hubo una vez un lugar, un momento, una plaza, una mañana de abril, donde una mujer casi sonríe.