No pedirle nada al olmo
más allá de unas peras limoneras
dulces y arenosas que diluyan en mi boca
tanta bilis de rancios dolores.
Libertar al pájaro de mi mano
y que los ciento volando
planeen hacia el sur de mis sueños,
hacia el equinoccio de mis esperanzas
Bailarle el agua al desierto
de pozos exiguos y profundos
espejismos de sediento penitente
esperanzas de reseca mojama.
Cobijarme bajo tu árbol
cimbreante álamo sin corteza
lineal sombra en movimiento,
perpetuo reloj de soles tu cuerpo.
Rezar mis plegarias en el páramo
de un dios que me ignora
por ateo creyente de lo humano
por acérrimo asceta de lo divino
Ser salmón remontando tu Iguazú aseverando:
que el precipicio es un pequeño salto
un simple brinco entre espumas
un insignificante esfuerzo para quien ama.
Plancharle cada madrugada las sedas a la mona
entre vapores de salinos olores
para que luzcan invisibles sus intenciones
mientras revienta mis tímpanos cuando golpea con sus puños
los cristales que protegen mis maltrechos amores.
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| Photo by Sally Mann |
